Para los católicos, la cosa más valiosa que tenemos es nuestra fe, y esa fe se puede esconder o mostrar el mundo que nos rodea.
Y para mostrar o esconder una cosa, se puede hacer de manera abierta o bien de manera sibilina. Y los católicos tenemos la obligación de hacerlo de manera abierta. En el evangelio viene escrito claramente: "A los tibios los vomitare de mi boca".
Juan Pablo II dijo al presentarse al mundo, "abrir las puertas a Cristo", y la única manera de abrir esas puertas es conociendo el evangelio y mostrándolos a los que nos rodean
La mejor forma de vivir el Evangelio es hacerlo a través de la fe y de la alegría que ella nos proporciona, en tanto que nos da la esperanza de una vida mejor, bien en nuestra estancia en la tierra o después del momento del tránsito de esta vida a la eterna.
La Fé hace que nuestras vidas no sean vacías y nos permite proyectar hacia nuestro interior y hacia los demás una alegría que no podríamos tener si sintiésemos esta esperanza que la Fé nos proporciona.
Por otro lado, la lectura y comprensión del Evangelio y la aceptación de este como parte de nuestras vidas nos da la protección del alma al modo que siente un niño cuando ve a sus padres como aquellos que tienen la capacidad de solucionarlo todo.
La promoción del Evangelio debe hacerse no solo desde los púlpitos de las iglesias, de los grupos catequéticos, etc., sino también a través de la vida diaria. Se trata de hacer ver a los demás, que un Cristiano tiene las mismas preocupaciones terrenales que cualquier otro ser humano, pero que el testimonio de Cristo nos alienta a seguir luchando y esforzándonos para alcanzar la superación de los problemas, sabiendo que si no lo alcanzamos en esta vida lo haremos en la Eterna. De este modo, podremos mostrar que ante situaciones paralelas (desempleo, problemas de salud, desarraigos familiares…) nuestra actitud es distinta y reaccionamos de forma diferente debido a la seguridad de que Dios nos cuida y nos guía por el camino correcto.
Es cierto que la vida de la Fe atraviesa un momento muy complicado de comodidad y de desinterés en muchos cristianos, pero también es cierto que mientras haya una sola persona que viva la Fe en Cristo, debemos ofrecer un mensaje de optimismo; realista pero optimista a la vez.
Sabemos que este un proceso lento, pero no es imposible, y el mejor modo de avanzar en él, es dar testimonio de vida cristiana en nuestras distintas facetas cotidianas (familia, trabajo, amigos…) de cómo Dios nos regala una paz de espíritu que nos permite vivir la vida con alegría y esperanza.
Sería un error llevar a cabo esta tarea evangelizadora hacerlo a través de la cólera cuando alguien nos rebate en nuestros planteamientos de vida cristiana, debemos estar por encima de ello; nuestra mano debe quedar tendida siempre incluso cuando no nos la quieren aceptar, porque tal vez, en algún momento cambie de idea y viendo nuestro ejemplo decida tomarla si ve que sigue esperándole. Debemos tener claro que la semilla no germina al instante, los frutos tardan unos meses, un año, e incluso varios; por eso nuestra actitud debe ser siempre paciente.
Texto proporcionado por María Dominguéz, una gran amiga mía y de mi mujer.
Texto proporcionado por María Dominguéz, una gran amiga mía y de mi mujer.
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